El cerro Trinidad es un pico monumental, allí termina la cordillera central en la región de Lídice. El impactante promontorio acoge en sus faldas a una comunidad de cholos conocida como El Cacao. Victoriano Lorenzo nace allí, en ese ambiente donde la naturaleza es más hermosa y con una vista espectacular del hábitat panameño.
El sacerdote de Capira recibe a Victoriano llevado por sus padres para que lo eduque, aprende a escribir y tiene una letra de hombre culto; es de los pocos panameños alfabetizados en esa época de la trágica unión a Colombia.
Victoriano, desde la niñez, siente la discriminación contra la indiada coclesana; se enfrenta a un funcionario despiadado y en defensa propia lo mata. Carlos A. Mendoza lo defiende en un apasionado alegato y culpa a la sociedad por el constante atropello a los invisibles de la nación panameña.
El coronel José María Núñez Roca, durante la Guerra de los Mil Días, asalta a El Cacao, la tropa viola primero a las mujeres y niñas, y luego asesina con saña a los pobladores en una acción conocida como la masacre de El Cacao. Los conservadores, en una política de exterminio, dan la orden de “cholo visto, cholo muerto”.
Victoriano y Belisario Porras unen talentos y valentía durante los cruentos episodios que ensangrentaron el suelo panameño durante el conflicto bélico que enfrentó a liberales y conservadores a finales del siglo XIX.
La batalla del puente de Calidonia, conocida como “el callejón de la muerte”, puso en evidencia el choque entre los liberales colombianos con los istmeños. La estrategia correcta es planteada por la dirigencia panameña con pleno conocimiento del área. Los liberales triunfantes en Bejuco y Corozal están listos para tomarse la ciudad de Panamá. Emiliano Herrera, el colombiano jefe de operaciones del ejército liberal, inexplicablemente y con obstinación, insiste en dar la batalla en el puente de Calidonia.
El triunfo en la acción bélica le daría a los panameños el control de la capital y del país, situación que el imperio de Washington nunca permitiría, pues los istmeños lo que desean es la separación del istmo del tutelaje colombiano. La revolución triunfante nunca negociaría un tratado tan leonino como el Hay-Bunau Varilla, el infame Panamá Cede.
Estados Unidos entrega a Carlos Albán las ametralladoras con las cuales matan a centenares de jóvenes panameños, los que son sepultados en una fosa común en el lugar donde está la tumba de los soldados de la independencia en el cementerio Amador. ¿Emiliano Herrera estaba en componendas con los gringos? Emiliano es responsable de la muerte de muchos panameños, ¿por qué traicionó la causa liberal en el istmo?
Belisario Porras, ante la derrota de los liberales, le entrega las armas a Victoriano Lorenzo para su custodia, arsenal que se utilizará en la segunda fase de la Guerra de los Mil Días.
Victoriano Lorenzo demuestra dotes de gran estratega en los diferentes combates en los cuales siempre sale victorioso. La Negrita, en Penonomé, es el eje de las acciones del jefe “de los cholos insolentes”. El guerrillero transparente de Changmarín y protagonista de Desertores arrasa a las tropas del oficialismo conservador en Río Grande, cerro de Los Picachos de Sorá, cCerro Gallote, Santa Fe, Las Minas, Macaracas, Tonosí, Los Santos, Azuero, Veraguas, Chiriquí y sobre todo en Aguadulce.
Victoriano gana el grado de general peleando, de allí el odio del ejército colombiano contra él, nunca le perdonan que los derrotó con audacia e inteligencia.
Benjamín Herrera, hermano de Emiliano, también detesta al héroe coclesano y sobre todo porque le salva la vida a Belisario Porras, detenido en Veraguas para ser fusilado. Y como Judas, Benjamín Herrera le entrega a los gringos y conservadores “al hombre del drill amarillo”, violando los acuerdos del Tratado de Wisconsin que pone fin a la Guerra de los Mil Días ante la urgencia del imperio de Wall Street de construir el canal interoceánico.
El 15 de mayo de 1903 es fusilado, la ciudad es militarizada. Doce soldados disparan 36 balas en 3 descargas. El odio de los colombianos se hace sentir cuando en un siniestro desfile lo conducen en la carreta de la basura a una tumba sin nombre, la cual custodian durante un mes para impedir la devoción popular hacia el insurgente más famoso del siglo XIX panameño.
Victoriano es hoy un ícono de la épica de la soberanía, sus asesinos y detractores están en el basurero de la historia. La juventud levantó con honor y dignidad la bandera de la redención social y el nacionalismo que empuñó el cholo de El Cacao.
Recomiendo las novelas Odios Fríos, de Gonzalo España, y La guerra perdida del indio Lorenzo, de Rafael Baena. Presentan un perfil extraordinario de Victoriano Lorenzo.

