Ayer, con un retraso de hora y media por dificultades técnicas para establecer comunicación con dos acusados presos en Estados Unidos, comenzó la audiencia preliminar del caso Odebrecht, en el que están acusadas unas 50 personas, entre quienes destaca el expresidente Ricardo Martinelli Berrocal por los numerosos recursos legales que su defensa ha interpuesto a lo largo del proceso, con la intención de dilatarlo. No contento con eso, ayer sus abogados acometieron desde el inicio de la audiencia con alegaciones absolutamente innecesarias, ya que casi todas habían sido resueltas, incluso, a nivel de la Corte Suprema, cuyos fallos son inapelables, definitivos y de obligatorio cumplimiento. Es irónico el hecho de que estas artimañas las presente la defensa de quien más proclama su inocencia, cuando debería ser el primero en aclarar su situación en el mayor caso de corrupción en la historia del país, ya que él está considerando ser presidente de la República. No basta con que el caso prescriba o que intenten anularlo. Si tal cosa ocurriera, la sombra de la corrupción lo perseguirá hasta el último de sus días. Y tontos no somos: dado los antecedentes de este caso, sabemos porqué no quiere que se ventile públicamente.
Hoy por hoy
13 sep 2022 - 05:02 AM