La junta directiva de la Caja de Seguro Social (CSS) ha decidido apoyar un costoso proyecto: construir una planta para la generación de oxígeno, que costaría, al menos, unos $100 millones. Sin más información que la que se dio –escasa y sin un estudio que respalde la iniciativa– la mayoría le dio el sí, en momentos en que la institución atraviesa uno de sus peores momentos económicos. El proyecto se realizaría bajo una premisa engañosa: contención del gasto, cuando en este momento, la institución no puede con los problemas que afronta, incluido, un buen servicio al asegurado, a los que se suma la falta de fondos en el programa de Invalidez, Vejez y Muerte. Es obvio que este proyecto –que teóricamente puede sonar bien– requiere de muchos más estudios que justifiquen una inversión de esa envergadura. La CSS ha demostrado que no es buena administradora; que en el pasado ha sufrido reveses con sus inversiones y tampoco ha resultado buena vigilando los productos médicos que antes producía. Todo esto son antecedentes que no se pueden ignorar y que deben ser parte del análisis sobre la conveniencia o no del proyecto. Y, francamente, nada hace pensar que algo o mucho cambiará con esta inversión.
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27 sep 2022 - 05:02 AM