Una y otra vez, los funcionarios o exfuncionarios acusados de delitos contra la administración pública recurren a trilladas palabras –porque ni siquiera son argumentos– con las que ellos se autodescriben como víctimas, y a los medios, como fabricantes de novelas, refiriéndose a sus casos. Y así, sin algo que respalde su alegada inocencia, se esconden –sin éxito– en falacias que, de tanto, repetirlas, terminan creyéndoselas. Si en Panamá no hay justicia, no es por culpa de los medios. Cada gobierno ha sabido integrar a sus filas a esos funcionarios que la Constitución señala como contrapesos de poder. En consecuencia, tenemos que el rol de la justicia ha sido reducido a la impunidad. En Panamá, lo que esos políticos llaman novelas son hechos que sobrepasan la capacidad de imaginación de un escritor, porque no hay ingenio alguno que pueda concebir, ni de lejos, lo absurdo de nuestra realidad. La historia de este país empiezan a escribirla los que se ven a sí mismos como triunfadores, cuando son ellos parte de este profundo drama que viven los ciudadanos de este país. Es por ellos que no hay sonrisas ni alegrías, salvo en esos privilegiados hogares donde las francachelas se pagan con nuestro dinero.
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Hoy por Hoy
17 oct 2022 - 05:02 AM