El director del Ifarhu, con sumo descaro en sus argumentos, ha tratado de justificar las escandalosas sumas de dinero que ha entregado a políticos de su gobierno y a exfuncionarios que, pudiendo pagar cómodamente los estudios de sus hijos, han sido beneficiados con el regalo de cientos de miles de dólares en detrimento de estudiantes que realmente necesitan de esos fondos. Sus argumentos son de un cinismo aborrecible, pues no solo ha manejado con absoluta discrecionalidad todo este asunto, sino que también ha entregado becas a su familia más cercana. A este señor hay que recordarle que en una institución del Estado no solo hay que cuidar el aspecto legal, sino también el moral. Y por más que repita que en su gestión el manejo de los auxilios económicos no reembolsables ha sido legal, sus acciones son moralmente cuestionables y repudiables. Si mañana la gente que ha perdido sus trabajos reclama en las calles becas para sus hijos, ¿qué les dirá? ¿Que no hay dinero? ¿Que no los puede ayudar? ¿Que para los políticos sí hay “auxilios” y para los que realmente lo necesitan no hay? ¿Con qué moral les dirá algo así? Estas son las fechorías que llevan a la gente a cerrar calles, porque el desengaño los hace entender que nunca fueron ni serán una prioridad.
Exclusivo
Hoy por Hoy
27 oct 2022 - 05:00 AM