Si bien la patria se celebra, hay pocos motivos para hacerlo. Si hay entusiasmo, es de la juventud, que dentro de unos años tendrá que enfrentarse a la difícil realidad de encontrar un empleo digno en un país sumido en una espiral creciente de corrupción, y en la que poco a poco se cierran los espacios para la gente honesta y trabajadora. La podredumbre de la política salpica a la sociedad, que empieza adoptar las cuestionables conductas de políticos y gobiernos que solo buscan poder para hacerse de los recursos y del patrimonio nacional e impunidad para hacerlo a sus anchas y sin castigo. Panamá necesita rescatarse a sí misma, repudiar la corrupción como valor; necesita reencontrarse con el patriota que todos llevamos por dentro; dejar el cinismo y condenar –en las urnas– a los políticos mafiosos y cleptómanos. La anarquía comienza a apoderarse de nuestras instituciones y el ejemplo más palpable es la Asamblea, cuyos diputados no saben de límites a su insaciable codicia; que hacen leyes a su medida, ignorando deliberadamente sus deberes. En tanto, el Ejecutivo es una nave sin rumbo, sin timón, sin capitán y cuya tripulación, amotinada como está, solo sabe llenarse los bolsillos. ¿Es esta la patria que queremos celebrar?
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Hoy por Hoy
04 nov 2022 - 05:03 AM