Todo parece ir al revés en este país. Las autoridades han ordenado nuevos ascensos en todas sus dependencias de seguridad, y con ello, aumentos automáticos de salario. Casi un 17% de la creciente planilla del Ministerio de Seguridad recibirá estos aumentos, sin que haya alguien que se pregunte cómo se pagarán. El Estado no está precisamente en condiciones de sufragar más emolumentos, cuando las recaudaciones andan tan bajas y el gasto público es exorbitante, pero los funcionarios que toman estas decisiones —es decir, los de alta jerarquía— tampoco tienen moral para suspenderlos, ya que para hacerlo tendrían que dar el ejemplo y algo semejante es tan remoto como creer que las promesas de campaña de un político corrupto se harán realidad alguna vez. El Estado se ha convertido en refugio de la mediocridad, con el agravante de que hay que pagar cada vez más por funcionarios incompetentes. Precisamente, estos aumentos son anunciados cuando el país es testigo de una creciente inseguridad y la certeza del castigo ha desaparecido. ¿Cómo es posible premiar con más plata a los responsables de que ya no podemos vivir con tranquilidad, sin temor a un asalto o un asesinato? Esto no parece un premio al mérito, sino a la mediocridad.
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27 nov 2022 - 05:02 AM