Cuando faltan muy pocos días para la Navidad, los panameños experimentamos una especie de letargo, una larga pausa festiva en la que los problemas del país son apartados, con la esperanza de olvidar nuestras calamidades por unos instantes fugaces. Mientras tanto, nuestros gobernantes están muy activos, haciendo de Santa Claus, regalando a dos manos obsequios que se pagan con nuestros impuestos, solo con la intención de hacer proselitismo. Ese letargo nos adormece y olvidamos que tenemos serios problemas que no se solucionan comiendo jamón o abriendo una botella de sidra. Celebrar se puede, pero sin olvidar que son estas pausas de las que se aprovechan los politicuchos para anestesiarnos y hacernos olvidar problemas, como el contrato con la minera, el creciente y rampante latrocinio, que el alcalde capitalino es tan bueno en lo que hace como el ministro de Obras Públicas, que tenemos un presidente ausente, que en la Asamblea pasa de todo… y sin consecuencias, o que en un año se acaban las reservas de la CSS y no habrá cómo pagar a los jubilados. Difícil celebrar con esos problemas a hombros, pero nos adormecen o elegimos adormecernos, mientras los problemas se agravan entre copa y copa.
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22 dic 2022 - 05:03 AM