Hoy, en el último día del año en curso, nos preguntamos qué nos depara el 2023, además de las gastadas, engañosas y nada imaginativas letanías político-electorales, en las que nos prometen el cielo y terminamos –como siempre– en un infierno que se apropia de nuestra vida y futuro. Con ese panorama en el horizonte, es posible que este año que termina no sea el peor del actual quinquenio, aunque sí podemos celebrar la salida de un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, cuya fidelidad nunca estuvo en el cargo, sino en el que lo nombró. Se trata de José Ayú Prado, quien sale por la estrecha puerta trasera del Órgano Judicial, pues sus decisiones, sentencias, posturas y ponencias han sido una vergüenza para quienes hacen pesados y diarios esfuerzos por construir una patria de la que estemos orgullosos. Este magistrado –astuto, esquivo y oportunista en su gestión– nos mostró el lado más oscuro de la justicia. Es poco lo que nos queda por ver después de lo que nos ha mostrado: homenajes a la impunidad y a la injusticia. Ojalá que esta estela de leguleyadas a favor de quien lo puso en los altos cargos que ocupó lo lleve ahora al lugar de donde nunca debió salir: su casa.
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Hoy por Hoy
31 dic 2022 - 05:00 AM