Las más recientes alegaciones que ha hecho la defensa de los hermanos Luis y Ricardo Martinelli obviamente son las de profesionales que reciben el pago por hacer el trabajo de tratar de sacarlos de la cárcel. La pena mínima que han pedido los fiscales –9 años– es, según los abogados, la pena más severa impuesta “por soborno en el extranjero en la historia del Segundo Circuito” de justicia en Nueva York. El asunto aquí es que es muy probable que ese alto funcionario –familiar de ellos– que fue el principal actor en la trama de los sobornos de Odebrecht no reciba castigo jamás en Estados Unidos, porque ha preferido esconderse bajo las faldas de la Constitución panameña, para esquivar los cargos que se le imputan en Estados Unidos. Es quizás por su manifiesta cobardía que los fiscales norteamericanos piden que le caiga todo el peso de la ley a los acusados, para que paguen su condena y hasta la del pusilánime que sigue escondido en Panamá, apostando a que nadie sepa lo que ya es un secreto a voces en todo el país. No hay persona más cobarde que la que deja que alguien más pague por sus errores y delitos. Pero tan medroso es que hasta intentará refugiarse donde anidan las garzas.
Hoy por hoy
16 may 2022 - 05:02 AM