La reciente elección de las nuevas autoridades del oficialista PRD han dado como resultado algo parecido a una implosión que viene a confirmar muchas de las cosas que se cuentan en los corrillos políticos, algo parecido a lo que ocurrió cuando Roberto Díaz Herrera decidió confesarse y reveló –y confirmó– a todo el país lo que pasaba tras las paredes del cuartel general de las Fuerzas de Defensa de Panamá. Los que perdieron patean la puerta antes de salir y prometen que el ejercicio del poder en el PRD contará con su oposición, al menos en lo que se refiere a las elecciones de 2024. También han revelado cómo el clientelismo es la forma de reclutar; cómo la corrupción siempre ha estado presente en el Gobierno –pero sin consecuencias para nadie– o cómo se utiliza el poder político para afianzar candidaturas presidenciales, para pagar la “inversión” de los donantes de campaña, etc. Estas irregularidades no son exclusivas del PRD. Es un modelo copiado por todos los partidos políticos, cuya dirigencia acecha el poder solo para procurar su bienestar personal, valiéndose del voto de los electores y del dinero del Estado. Es decepcionante que no haya una reacción ciudadana como ocurrió hace 35 años.
Hoy por hoy
17 may 2022 - 05:00 AM