Las elecciones internas del partido de gobierno –el PRD– son el mejor ejemplo de la codicia. Algunos de sus integrantes hacen gala de las peores prácticas electorales: presunta extorsión, amenazas, coacción, tráfico de voluntades... La despreciable manera en que la mayoría hace política revela que su interés no tiene nada que ver con la democracia; para ellos solo es un ejercicio para mantenerse en el poder con fines indignos y execrables. Las denuncias surgen todos los días: presiones a funcionarios (una buena parte de ellos, votantes en la primaria del PRD), a los que seguramente obligan a apoyar al jefe, so pena de perder sus trabajos. Estos precandidatos han convertido las primarias de su partido en una farsa, en un ejercicio ilegítimo, cuyos resultados tendrán la validez de un engaño. Mientras tanto, el presidente de la República guarda silencio, cuando bien podría alzar su voz para garantizar que el disenso no es motivo de despido. Su mutismo podría interpretarse como un apoyo a quienes amenazan y deslegitiman las primarias de su partido. Es lamentable que la fiesta electoral haya sido convertida en un infierno de amenazas, pero nadie hace nada ni se da por aludido.
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16 abr 2023 - 05:05 AM