La condena de los hermanos Martinelli Linares en Estados Unidos por el caso Odebrecht ha puesto en la picota el grave problema de la corrupción en Panamá. La reputación del país ha sido seriamente manchada no solo por este caso, sino por la creciente impunidad que reina en el país. La designada embajadora de Estados Unidos en Panamá, Mari Carmen Aponte, lo expresó la semana pasada en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, donde se examina su nominación. “La corrupción –advirtió– es un desafío serio en Panamá y tiene un efecto corrosivo en muchas capas del Estado”. No es la única que piensa así. En el juicio a los hermanos Martinelli, la fiscalía se refirió a la corrupción en Panamá: “Nadie puede estar por encima de la ley, al menos en Estados Unidos. Ellos [los hijos del expresidente Martinelli] creían que aquí en Estados Unidos podían hacer lo mismo que en Panamá, especialmente cuando su padre era presidente”… Y subrayó que “la sentencia [a los acusados panameños] debe ser un ejemplo para los funcionarios de Panamá que cometen ese delito y que usan el sistema financiero estadounidense…”. Lástima que nuestros funcionarios solo saben leer el saldo de sus escandalosas cuentas bancarias.
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24 may 2022 - 05:00 AM