Colón es una provincia rica en territorio, paisajes, comercio, es la entrada norte del Canal de Panamá y tiene una envidiable infraestructura portuaria. Es decir, tiene todas las bondades para ser lo que antaño fue: la tacita de oro. Pero también está entre las zonas más peligrosas del país; sufre serios problemas con los servicios básicos; el casco de la ciudad semeja una zona de guerra, el abandono se siente por donde se mire o se camine y cada año que pasa, la situación empeora, no solo por el abandono, sino por el creciente peligro a la seguridad personal que causa la delincuencia común y organizada, que controla a sus anchas barrios enteros de la ciudad y de la periferia. Y en medio de este averno, un diputado colonense, que a la vez es representante de uno de los corregimientos con más miseria, abandono y problemas en Colón, vive en Panamá la vida de un rico oligarca, exhibiendo en redes sociales sus lujos y opulencia, mientras los habitantes de su corregimiento y circuito se pudren en la incuria. Han sido $14 millones que ha recibido este funcionario, cuyo actual estilo de vida contrasta diametralmente con la de sus votantes, que lo han elegido en los últimos quince años.