Dirigir el destino de un país es de las cosas más difíciles, pues supone diálogos, acuerdos, negociaciones, inversiones, nuevas leyes, generación de empleos, deudas y miles de problemas, algunos grandes, otros gigantescos. Ser presidente, ministro o alcalde no es un paseo; es hacer camino, salvar obstáculos y solucionar problemas, por lo que el lamento del presidente ayer en la Asamblea Nacional ya no tiene cabida. Es cierto que este Gobierno tuvo un gran reto: la pandemia, sobrellevada con el sacrificio de muchos (en particular el sector sanitario y la empresa privada, porque en el gobierno todo mundo siguió cobrando igual, aunque no trabajara). Escuchamos al mandatario darse bombos por haberla superado, pero el virus respiratorio sigue siendo la excusa que utiliza hasta hoy para justificar tanta incapacidad. El presidente no dijo una palabra sobre los millones de dólares que tendrían que haberse ahorrado si se hubiese congelado –o achicado– la planilla del Estado, limitado los gastos o administrado eficazmente el dinero de la descentralización. ¿O es que no recuerda que había alcaldes y representantes con ingresos que superaban los suyos o que se invirtió un dineral en trabajos con evidente sobrecosto o inexistentes? Hay gente que pareciera que todavía vive en burbuja y el presidente es uno de ellos.
Exclusivo
Hoy por hoy
02 jul 2023 - 05:04 AM