Las elecciones internas del partido Cambio Democrático (CD) son, desde el punto de vista político y social, muy importantes, no solo para ese colectivo político, sino para el país. Los resultados de esas primarias moverán todas las fichas del tablero político. La candidatura presidencial de ese partido está en disputa entre dos candidatos, uno de los cuales es una diputada conocida por el enorme despliegue de clientelismo que realiza en época de elecciones.
Se juega su futuro político en favor del candidato presidencial de otro partido que ha demostrado –con irrefutables evidencias– que no le importan los electores. Su interés es estrictamente personal: arreglar sus graves problemas legales y mantener el estatus quo, lo que significaría una posible alianza con el partido de gobierno, con lo cual concretaría sus mezquinos e inconfesables propósitos y, de paso, despojarnos –como ya lo hizo en el pasado– de recursos valiosos para el crecimiento de nuestro país.
Las primarias de CD pueden inclinar la balanza hacia un futuro conocido –y que seguimos padeciendo en el presente– o hacia nuevas posibilidades y esperanzas, a través de alianzas políticas. En manos de la membresía de un partido yace nuestro futuro como Nación. Esperamos que la cordura y el buen juicio se impongan.