La democracia en Guatemala pende de un hilo. Uno de los principales candidatos a la Presidencia de ese país –con un duro discurso anticorrupción– ha sido virtualmente echado de la contienda electoral –aunque luego restituido por la Corte Constitucional–, luego de que un fiscal, que a su vez es aliado del presidente saliente de ese país y está incluido en la lista Engel de Estados Unidos de funcionarios corruptos, le quitó la personería jurídica al partido del candidato opositor. Una jugada torpe, no solo por su mala ejecución, sino por el personaje que la finiquita. Esta acción fue considerada un virtual golpe de Estado. Panamá necesita verse en ese espejo. Las herramientas en Guatemala tienen la sutileza de un derrocamiento por adelantado, mientras que en Panamá, la contienda está amenazada por acciones que poco tienen de delicadas, considerando que el Gobierno ha intervenido directa o indirectamente en las elecciones internas de su propio partido, en las de los opositores y ojalá no lo haga en las generales. Nadie puede negar que desde hace años se planea y ejecuta alguna trampa, dotando de recursos económicos estatales para que políticos que buscan la reelección compren votos y conciencias.
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Hoy por Hoy
15 jul 2023 - 05:01 AM