“La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha recibido informes consistentes que demuestran que las mujeres trans que ejercen trabajo sexual son particularmente vulnerables a la violencia en su entorno comunitario, incluyendo a asesinatos cometidos por particulares, sus clientes, grupos ilegales armados o pandillas”. Esta cita está contenida en un informe –fechado en noviembre de 2015– sobre la violencia contra personas LGBTI en América. Ocho años después, la realidad nos grita a la cara que poco ha variado, luego de la brutal golpiza que le dio un obrero a una persona trans la semana pasada y que aún se debate entre la vida y la muerte. Este es un crimen de odio, que debe ser castigado severamente para enviar un mensaje, no solo a los que perpetran esos crímenes, sino a esos intolerantes que retuercen a la sociedad con sus discursos de odio, que provocan, precisamente, esta violencia. Y es imperdonable que mucho de ese odio salga de políticos, especialmente diputados, que son los que hacen las leyes y los primeros llamados a respetar la igualdad de las personas, tal como lo exige la Constitución. Esperamos justicia ejemplar y disuasoria, porque este crimen es exactamente igual aquellos que se comenten por razón del color de la piel o de la religión que se profesa. ¡Sencillamente intolerable!
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Hoy por Hoy
21 ago 2023 - 05:03 AM