Continúa la lluvia de anteproyectos de ley –por iniciativa de los diputados– que pretende, a estas alturas, cambiar las reglas del próximo torneo electoral. Ayer se presentaron dos nuevos: uno que reforma el régimen del fuero electoral penal y otro que ya fracasó en el pasado, pero que retorna a la Asamblea para intranquilizar o para desviar la atención de otros asuntos igualmente truculentos de la agenda nacional: la segunda vuelta electoral. Todo lo pudieron discutir en el marco de las reformas electorales discutidas y aprobadas en el año 2021, pero es ahora –en momentos y circunstancias inoportunas y con el Plagel ya en marcha– que quieren reformar el Código Electoral. Ya poco falta para que estos descarados declaren que la vigencia de cada curul no sea de cinco años, sino de 20, y que la inmunidad los proteja de la justicia desde el momento en que se les ocurre la idea de ser políticos hasta su último suspiro. Ninguna de estas iniciativas tiene legitimidad; son reformas de sastrería: hechas a la medida de un puñado de sinvergüenzas que solo quiere perpetuarse en el poder para seguir abusando impunemente de las arcas y otros beneficios del Estado.
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Hoy por Hoy
22 sep 2023 - 05:03 AM