Las maniobras que han hecho los órganos Ejecutivo y Legislativo con el presupuesto nacional del Estado tienen un fin: la campaña electoral. Han inflado artificialmente el presupuesto para poder gastar a manos llenas. Al final, en el Gobierno saben que no podrán reunir semejante cantidad de dinero y se tendrán que hacer ajustes y cubrir gran parte del déficit con crédito o deuda. La careta se la han quitado pidiendo a los contribuyentes que paguen por adelantado sus tributos. ¿Por qué el apuro? La respuesta es bastante obvia: es dinero que necesitarán para financiar una campaña que está en el piso; para comprar las conciencias de los votantes. Y, al mismo tiempo, los diputados pretenden hacer cambios –con las elecciones a la vuelta de la esquina– al Código Electoral para adaptarlo a sus medidas y necesidades. Lo peor es que, frente a todo lo que está pasando, el resto de los políticos poco hace, no reacciona, no presiona frente a hechos tan escandalosos, cuyas consecuencias tendrían que enfrentar si llegaran al poder. La situación actual desafía toda realidad, pues es la primera vez que vivimos unas elecciones parecidas a las que organizaban los militares.
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10 oct 2023 - 05:03 AM
