El mensaje del presidente de la República del pasado jueves fue una decepción, porque habiendo tantos temas importantes que analizar, los ignoró olímpicamente. Por ejemplo, no dijo una palabra del abultado presupuesto del próximo año (todavía sin aprobar), irreal y escandalosamente polítiquero y clientelista, considerando que este año peligra el crecimiento del producto interno bruto proyectado, gracias a Suntracs, a los docentes y a organizaciones indígenas y campesinas, envalentonadas por la falta de acción del Gobierno. Y si no se cumplen los pronósticos de crecimiento –frente a la pérdida económica calculada hasta ahora en más de $1,700 millones–, es probable que tampoco se cumpla el tope del déficit fiscal y, al final del año, tendremos una enorme brecha entre ingresos y gastos, producto también del despilfarro desmedido del Gobierno. Entonces, ¿por qué el presidente no nos habló del ajuste que necesita el presupuesto de 2024? ¿Por qué no nos describió un plan de austeridad, que ha debido empezar años atrás? ¿Olvida que estamos a punto de perder la calificación de riesgo y que eso será un desastre para las finanzas? Solo la indiferencia logra que nuestros gobernantes concilien el sueño cada noche.
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Hoy por Hoy
18 nov 2023 - 05:03 AM