Las historias que cuentan los habitantes de Chiriquí, que viven un secuestro desde hace más de un mes, son angustiantes. Algunos bloqueos los controla gente de fuera, que no son de esa provincia, y hasta cobran –y castigan al que no paga– por transitar por los bloqueos. Los que viven en el occidente del país viven sin sosiego, estresados porque no tienen gas para cocinar ni combustible ni transporte ni a dónde ir. Sufren el total abandono del Gobierno y el abuso de quienes impiden el libre tránsito. En medio de lo que parecen ser bloqueos pagados, escasean los víveres: no hay pan ni carnes; sobran las verduras, las hortalizas y los vegetales, al punto de que se dañan, pues la producción es mucho mayor que la demanda; la gasolina la compran desde $17 hasta $35 el galón; y para conseguir algo, hay que hacer cola, con tiempos de espera de 8 y 10 horas, como las de Cuba o Venezuela y a precios exorbitantes. La situación es peor que cuando se cerró el país por la pandemia y por eso muchos empresarios luchan contra la quiebra. Chiriquí y Bocas del Toro están abandonadas y necesitan toda la solidaridad, no solo la de Costa Rica –país que ha salido en su auxilio– sino la nuestra, la de sus compatriotas.
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Hoy por Hoy
28 nov 2023 - 05:01 AM