Tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre el contrato minero –en el que halló 25 violaciones a la Constitución– todos esperábamos no solo la renuncia de uno de los responsables de ese entuerto, sino de todos los involucrados. Pero no ocurrió así. Es evidente que el presidente sigue sin entender el problema que tiene entre manos o no está en capacidad de hacerlo. Él necesitará un equipo de expertos, especialistas y competentes profesionales para negociar el cierre ordenado de la mina. Tampoco lo entendió el ministro que renunció. No es afán de victoria, sino de poner en estos puestos a gente con pericia en este tipo de crisis. Su discurso de renuncia -que llegó tarde y bajo presión- fue para ensalzar su gestión y advertirnos de las consecuencias –según su criterio– al que se expone el país con el fallo de la Corte. Sus advertencias revelan su impericia, pues, si hubiese sido un buen acuerdo, sus temores serían injustificados, pero nos hizo saber que la puerta se negoció ancha para la minera y angosta para el país. Y así fue el tenor de su negociación. Renunció a todo el poder que le confirió el Estado, dueño de los recursos que pretendía la mina, y se convirtió en su vasallo en vez de actuar como la contraparte alfa.
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01 dic 2023 - 05:02 AM
