Al hacer un balance de la gestión de los diputados, el resultado es terriblemente negativo. Aprobaron sin consideración y a última hora cambios en el Código Electoral, el contrato-ley con la minera y una ley que limitó las funciones de la Contraloría, otorgándole poder absoluto al contralor. También respaldaron leyes que despojan al Estado de impuestos, necesarios ahora más que nunca, así como aumentos salariales, entre otros. Todo esto ha sido en detrimento del Estado y su patrimonio, y lo han llevado a cabo en contra de la voluntad popular. En contraste, las prometidas y cacareadas reformas al reglamento interno de la Asamblea Nacional están durmiendo el sueño eterno desde 2019. Ha habido discusiones, aportes y reuniones, pero también engaños, ya que los diputados mantienen sus privilegios. No están dispuestos a renunciar a ellos, razón por la cual nunca se han aprobado y es poco probable que se aprueben, al menos en los próximos meses, ya que su prioridad hoy en día es buscar la reelección. Lo mismo sucedió con la jurisdicción de extinción de dominio de bienes ilícitos: viajes, reuniones, opiniones y todo eso, ¿para qué? Jamás se aprobó nada. Sencillamente, no van a meterse un tiro en el propio pie. En la Asamblea no prevalece la moral, sino la desfachatez, el juego vivo y el poco importa con los demás.
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07 ene 2024 - 05:03 AM