El descaro del actual contralor general de la República es inédito. Su rendición de cuentas en la Asamblea Nacional más bien fue un quid pro quo por los más de $24 millones que la Comisión de Presupuesto le aprobó en traslados de partidas y créditos extraordinarios. Según este funcionario, no hay corrupción, no hay nada parecido al desgreño administrativo, que lo que ha habido son errores que, en su “cultura de corrección”, solo hay rectificar y listo… a olvidar lo que sea que encontraron sus fiscalizadores. No hay nada que el Ministerio Público deba investigar porque su institución “repara” lo que está mal. Después de sus impresentables amos de la Asamblea Nacional, no hay nadie más le haya hecho tanto daño al servicio público como este fulano, cómplice de toda la desidia que reina en el gobierno, junto con la impunidad. Su “rendición de cuentas” es un completo desperdicio de papel; su discurso es tan hueco como un hoyo negro y su gestión, desmoralizante. El contralor general de la República es absolutamente incompetente, aunque útil para sus amos, que roban a dos manos, pero él cierra los ojos. Cinco años de despojos mientras su institución los maquilla.
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Hoy por Hoy
09 mar 2024 - 05:03 AM
