La reciente maniobra del candidato presidencial, quien a escasos seis días de las elecciones, dio un giro inesperado al anunciar su respaldo a otro contendiente presidencial, ha dejado un sabor amargo en el proceso electoral. Este repentino cambio de postura, aparentando una renuncia a sus pretensiones electorales, que después nunca tuvo la intención de formalizar, arroja una sombra de duda sobre su integridad y compromiso con el proceso democrático. Es crucial recordar el artículo 206 del código electoral, el cual establece las consecuencias de renunciar a una candidatura por la libre postulación. No solo implica la pérdida del financiamiento público, sino también la obligación de devolver los fondos recibidos. Semejantes acciones no solo son una burla para los electores, sino que también le arrebataron la oportunidad a otros contendientes que seguramente habrían respetado su palabra y concluido el período electoral con honor. En última instancia, este episodio no es más que un intento de jugarle vivo al sistema electoral panameño. Jugar con las reglas y expectativas del proceso democrático mina la confianza de los ciudadanos en sus líderes y en la integridad del sistema en sí. En las elecciones, cada acción cuenta. Este episodio subraya la importancia de elegir con discernimiento. Las decisiones de los candidatos son un reflejo inequívoco de su compromiso con los valores democráticos.
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Hoy por Hoy
01 may 2024 - 05:03 AM
