Los argumentos del expresidente estadounidense, condenado penalmente por falsificar registros comerciales, no parecen distintos a los que nuestros políticos emplean para descalificar a sus juzgadores. El recién declarado convicto calificó de “corrupto” y “tirano” al juez de la causa, quien en julio debe anunciar la pena que le impondrá; también dijo que se trata de una “persecusión política”, porque es el favorito -según las encuestas- para ganar las elecciones presidenciales de noviembre próximo y que el verdadero veredicto será el de las urnas. También aseguró que fue “un juicio amañado” y “político” y que a sus testigos no se les permitió declarar, aunque fue él quien rechazó la oportunidad de subir al estrado y contar su versión. Ninguno de esos argumentos son ajenos a nuestros casos de corrupción tercermundista, cuyos acusados -y condenados- señalan a jueces y fiscales de ser parciales cuando prevén una condena, pero reparten aplausos y elogios si esperan una exoneración de culpa. Lo cierto es que el republicano podrá, seguramente, seguir adelante con su candidatura, pero esta condena en su contra puede hacer que pierda apoyo del pueblo norteamericano, que cuestiona su actitud moral como aspirante presidencial de esta potencia mundial. La verdad y la ética se convierten en las balanzas sobre las cuales se pesa el destino de una nación.
Exclusivo
Hoy por hoy
01 jun 2024 - 05:04 AM