La gestión del actual contralor ha sido una de las más nefastas de las últimas décadas. Ha gestionado la institución con un autoritarismo desmedido y una discrecionalidad preocupante, sin ofrecer jamás una rendición de cuentas remotamente satisfactoria. Bajo su mando, la transparencia fue despedazada y el tráfico de influencias floreció, impregnando el ambiente con ese inconfundible hedor a corrupción. El nuevo contralor, elegido por el bloque mayoritario de la Asamblea Nacional, enfrentará el reto de erradicar la odiosa cultura de su predecesor. Aunque se le presenta una oportunidad inmejorable, la interrogante es si tendrá la voluntad política y la estatura moral necesarias para acometer la tarea. Su designación ha sido polémica desde que su nombre empezó a sonar para el cargo. Muchos opinan que no se diferencia mucho del actual contralor, y su historial no contribuye a disipar esas dudas. Sin embargo, la Asamblea le ha dado la oportunidad de corregir lo que está mal, y aunque las sospechas persistan, de momento cuenta con el beneficio de la duda razonable. Pero si decide recorrer el mismo camino de su antecesor, debe estar consciente de que las consecuencias no tardarán en manifestarse, y serán graves para todo el país.
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23 ago 2024 - 05:03 AM