El turismo panameño volvió a confirmar por qué se le conoce como la industria sin chimenea: genera empleo, divisas y encadenamientos productivos sin agotar recursos.
Aunque 2025 cerró con una ocupación hotelera cercana al 56%, las señales de enero de 2026 invitan al optimismo. La realización del Foro Económico Internacional de la CAF, que atrajo a más de 5,000 visitantes y dejó un impacto superior a $8 millones, demostró el potencial del país como sede de eventos y punto de conexión regional.
Más allá de las cifras coyunturales, el turismo sigue siendo un motor clave de la economía nacional y un aliado del desarrollo en el interior del país. Por ello, resulta fundamental respaldar las iniciativas que buscan modernizar el sector: mayor flexibilidad laboral para enfrentar la estacionalidad, incentivos que permitan renovar la planta hotelera y reglas claras para una competencia justa.
Apostar por el turismo es apostar por empleo formal, inversión y crecimiento sostenible. Ignorar su potencial sería renunciar, sin razón, a uno de los motores más dinámicos, resilientes y estratégicos de la economía panameña.
