La limpieza, aseo y desinfección de los hospitales públicos ha sido, bajo esta gestión gubernamental, un completo desastre desde todo punto de vista: contratos directos, con denuncias de problemas serios de personal; administrativamente, han tenido y siguen teniendo problemas con la Contraloría, y nadie sabe si se paga de más o de menos, pues no ha habido concurso de precios.
Y parece que las autoridades del Ministerio de Salud seguirán en lo mismo, porque, luego de conceder contratos directos, ahora han montado un acto público —de $80 millones— con apariencia de concurso, pero hay indicios de que no habrá tal competencia, pues ya se sospecha que la licitación tiene nombre y apellido, gracias a un pliego de cargos que despide un olor parecido al de aquellos actos en los que participaba Odebrecht.
Si el Gabinete y el presidente saben de esto, se convierten en cómplices de procesos que podrían estar amañados, por lo que convendría exigir explicaciones y promover una licitación en la que los interesados puedan participar sin la sospecha de un arreglo. Con ello también gana el país, pues, habiendo competencia, seguramente se obtendrían mejores precios. Pero lo que tenemos ahora no se ve tan limpio.

