Algunas propuestas de reformas electorales aprobadas en primer debate muestran cuánto les cuesta a ciertos diputados despojarse de la vestidura partidista. En lugar de pensar en el interés del país y los ciudadanos, algunas iniciativas parecen responder a las conveniencias de quienes hoy ocupan un cargo y mañana podrían aspirar a otro.

El caso queda claro en una propuesta que permitiría conservar la titularidad de dos cargos electos, pese a las advertencias de su posible inconstitucional. No sería extraño que algunos diputados piensen en la reelección y, por si los votos no los acompañan, opten por otros cargos.

Ya ocurrió en las pasadas elecciones, cuando varios fueron electos para más de un cargo, pero finalmente tuvieron que decidirse por uno. Ahora se pretende cambiar la regla. Eso sería jugar con un sistema electoral que debería encaminarse a su perfeccionamiento. La pregunta es: ¿para quién se reforman las reglas? Deben servir a la sociedad, no a quienes las aprueban.