Un sistema político agotado, sin principios ni conciencias, sumado a una crisis económica que tiene a centenares de miles de familias contra la pared, han favorecido las protestas que se llevan a cabo en las calles de todo el país. La corrupción y el latrocinio en el gobierno, el alto costo de la vida, el derroche del presupuesto nacional; el descaro de los políticos, que, siendo parte importante del problema, pretenden hacer ver que están del lado de un pueblo que –empero– los aborrece, porque mientras comen del banquete estatal y se embriagan –no solo de poder– sus electores siguen sufriendo el grave deterioro de la economía por la pandemia. Esta crisis social es la más grave que enfrenta este gobierno, fracasado en el cumplimiento de sus promesas y conducción del país. No es un simple fuego, es un incendio que toma cada vez más cuerpo, mientras el país está a la deriva. No solo es culpa de este gobierno, sino también de los anteriores, que drenaron las instituciones hasta dejarlas de rodillas. Por eso hay algunos políticos que pretenden sacar provecho de un movimiento legítimo para sus egoístas intereses. Sanguijuelas que quieren hasta la última gota de sangre de sus ya anémicas víctimas. La sociedad parece haber llegado al límite de su tolerancia. Por su bien y del país, ojalá los políticos sean capaces de verlo.
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Hoy por Hoy
11 jul 2022 - 05:04 AM