Nunca en nuestra democracia había habido tanta ausencia de credibilidad como ahora. El éxito de la convocatoria a un diálogo para discutir la situación actual está en entredicho; las medidas de austeridad del Gobierno no solo llegan tarde, sino que no alcanzan a los responsables de la ira popular, y los paliativos para aligerar la carga económica de miles de hogares afectados por la crisis económica causaron más disgusto que alivio. La reacción ha sido adversa a casi todo lo propuesto por el Gobierno, porque este ha perdido su fiabilidad dilapidándola al tratar de justificar lo injustificable: el cínico exceso de privilegios; gastos abusivos mientras el país experimenta una grave pérdida de ingresos; ausencia total de controles; poco apego a la rendición de cuentas y la transparencia en el gasto público; salarios exorbitantes, inmerecidos e inoportunos, mientras en el sector privado se perdían miles de empleos y se reducían salarios; fiestas, banquetes, licores, viajes, viáticos, carros de lujo... Todo ello quedó en el subconsciente colectivo y ahora, cuando buena parte de la población no tiene ni para poner un plato en la mesa, estallan todos estos recuerdos. Si quiere recuperar su credibilidad, el Gobierno deberá hacer un verdadero y convincente sacrificio.
Hoy por hoy
15 jul 2022 - 05:05 AM
