Si al país lo despojan de los fondos públicos, es en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional donde se perfecciona todo. Por años, el trabajo de esta comisión ha sido muy cuestionado, ejerciendo un rol fiscalizador que parecía utilizarse únicamente en el “cuartito”.
Algunos de sus miembros incluso se conducen como si existiera la obligación de complacerlos en todo lo que se les antoje —¿recuerdan la frase “qué hay pa’ ella”?—, y durante años pareció no haber nada ni nadie con la voluntad política suficiente para poner fin a sus prácticas parasitarias. Hasta ahora.
La participación de los diputados más jóvenes en la sustentación de las vistas presupuestarias para la vigencia fiscal 2027 ha aportado una voz crítica y comprometida con el futuro del país. En momentos en que ese órgano parece atrapado por los vicios de la política tradicional, su presencia demuestra que otra forma de hacer política es posible. Gracias a ellos, el país pudo conocer muchos gastos y prácticas escandalosas. Han puesto la lupa y sacado a relucir situaciones que, de otra manera, quizá habrían pasado inadvertidas. Así ocurrió con las 96 entidades que sustentaron entre el 11 de agosto y el 30 de septiembre, de forma sostenida y sin distinción.
¿Estaremos —por fin— a punto de presenciar un cambio favorable -aunque sea pequeño- en la forma en que se decide el uso de los fondos públicos? La población haría bien en prestar más atención a lo que sucede aquí.

