La misión del Ifarhu —según su sitio en internet— se cumple “otorgando becas y créditos educativos”. Entre sus objetivos está “alcanzar la eficiencia y efectividad de los programas de becas y crédito de la institución”. Eso suena bien, ¿no? Sin embargo, parece que ni su misión ni sus objetivos ocupan un puesto importante entre sus prioridades, puesto que son miles los estudiantes que están a la espera del pago —ya atrasado— de sus becas. ¿De qué sirve hablar de educación, desarrollo y capital humano si el Estado no garantiza la ayuda a los alumnos con mejor desempeño ni a quienes más necesitan de su apoyo para continuar sus estudios? Un país que abandona a sus mejores estudiantes y a los más vulnerables está hipotecando su propio futuro. ¿Cuántos jóvenes con talento tendrán que renunciar a sus sueños porque el Ifarhu no está cumpliendo con sus obligaciones? Y estos no son favores que hace el Estado, aunque se esfuerzan para que parezcan que lo fueran. Es poco probable que esta vergonzosa negligencia sea obra de la casualidad; es una deficiencia institucional y, en un Estado de derecho civilizado, tendría responsables. Pero aquí se conducen como si no tuviesen jefes: si hacen su trabajo, bien… y si no, también.
Exclusivo
Hoy por hoy: becas, no favores
03 nov 2026 - 12:00 A M
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