Un hecho aislado, pero profundamente revelador, pone en evidencia cómo las zonas rojas de la capital son enclaves de pandilleros, donde, en lugar de combatirlas, el jefe de la Policía Nacional recomienda tomar precauciones al ingresar.
Fue un incidente en el que una persona que, siguiendo las instrucciones de una aplicación digital, llegó hasta Patio Pinel, donde hombres armados interpretaron su presencia como una amenaza y fue abatido a balazos. Evidentemente, perderse en Panamá, ya acarrea un riesgo mortal, pues la presencia de la Policía en esas “zonas rojas” es, si no precaria, inexistente.
Es decir, que hay barrios en Panamá secuestrados y controlados por criminales que actúan como jueces y verdugos.
¿Cómo puede un ciudadano extraviado saber que entra a una zona roja? Si la Policía no puede tener presencia ni control, entonces debería advertirle a todos que no se hará responsable de nada si un ciudadano entra inadvertidamente a estos barrios, pero hacerlo equivale a reconocer su fracaso en un plan de seguridad ciudadana, que, por cierto, no existe.
El ministro de Seguridad y el jefe de la Policía deberían renunciar tras reconocer que han perdido el control de zonas de la capital, donde los que mandan son los matones.

