Antes de que sonaran los tambores y marcharan los estamentos de seguridad, el alcalde de Colón, Diógenes Galván, tomó la palabra y cambió el tono de la conmemoración del 5 de noviembre. En un acto donde abundan los saludos protocolares, su discurso fue una denuncia meditada: la inequidad fiscal que asfixia al municipio más estratégico del país.
Frente al presidente de la República, ministros y autoridades, Galván recordó que mientras los puertos, la Zona Libre y el ferrocarril generan miles de millones, Colón sobrevive con un presupuesto insuficiente y calles abandonadas. No pidió favores: exigió justicia tributaria.
Su intervención no fue un desafío político, sino un ejercicio de civismo. En una fecha que celebra la independencia nacional, el alcalde defendió la autonomía municipal.
El Gobierno tiene ahora la oportunidad de escuchar más allá del protocolo y responder con hechos. Porque Colón no necesita discursos: necesita que el desarrollo que mueve al país también se quede en su tierra.