El Ejecutivo ha declarado confidencial ocho compras millonarias por supuestas razones de seguridad nacional. Hay artículos que probablemente merezcan tal tratamiento, pero hay otras que son absurdas.
¿Cómo afecta la seguridad nacional demoler y construir un cuartel? O las cámaras corporales para la policía, que estarán, precisamente, a la vista de todo el mundo. Lo que está ocurriendo aquí nada tiene que ver con la seguridad nacional, pero sí mucho que ver con la ausencia de transparencia y de competencia.
El presidente hace el ridículo tratando de convencernos que la seguridad de Estado está por encima de la transparencia, pero es la propia Policía fuente de indiscreción y fuga de información, y lo secreto es absurdo si está a la vista o si la información se puede obtener sin esfuerzo. Y también sabemos de esa extraña devoción del presidente por palabras como seguridad nacional, confidencialidad, secreto y cosas similares. Parece hasta infantil ese apego por los juegos de espías y castrenses.
No son las especificaciones secretas de una cámara corporal lo que hará más seguro al país. Debería empezar por sanear la lista de proveedores de la Policía. Él sabe que allí hay tantos maleantes como en una pandilla callejera.