En Panamá, la narcopolítica es un mal conocido, pero poco combatido. La razón principal radica en que los políticos ejercen un poder que, en la práctica, parece ilimitado, como si estuvieran por encima del sistema judicial, con el cual se entrelaza todo lo demás. Como han señalado analistas políticos, exfiscales y exmagistrados, el problema radica en que la corrupción no tiene consecuencias, comenzando con las donaciones electorales, un ámbito donde el control es prácticamente inexistente. Esta falta de supervisión abre una puerta enorme para la infiltración del narcotráfico en todos los niveles: el poder judicial, el Ejecutivo, los partidos políticos y hasta en las fuerzas de seguridad. El daño en estas últimas es particularmente grave, ya que el Estado pierde su monopolio sobre la seguridad nacional. No debemos olvidar que el narcotráfico comienza muchas veces por apoyar a candidatos políticos, quienes eventualmente se convierten en sus representantes directos, asegurando así su control sobre las estructuras del poder. Estamos ante un sabotaje institucional que nos arrastra hacia el precipicio de un Estado fallido o, peor aún, un narcoestado. Con la corrupción como la principal vía de acceso, el Estado se encuentra impotente cuando sus autoridades legislan, operan y colaboran activamente con el crimen organizado. La Operación Jericó se presenta como una prueba crucial para el sistema de justicia, pues existen pruebas claras de la profunda penetración de las narcomafias en la política y en los aparatos de seguridad del Estado. Estaremos vigilantes ante el desenlace de este caso.
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Hoy por Hoy: Corrupción y narcotráfico, la encrucijada que podría llevar a Panamá al colapso
26 ago 2024 - 05:03 AM