Desde hace años, el fuero penal electoral entra y sale del quirófano legislativo, pero casi siempre conserva buena parte de sus privilegios. En 2020, por ejemplo, el Tribunal Electoral propuso excluir a presidentes, vicepresidentes, secretarios y subsecretarios de los partidos. La partidocracia cerró filas y la iniciativa naufragó. Ahora, el Tribunal vuelve con una fórmula más modesta: excluir únicamente a vicepresidentes y subsecretarios, que en los organigramas partidarios se multiplican como hongos. Y, aun así, siete partidos votaron en contra. El fuero nació para proteger derechos políticos, no para convertirse en coraza frente a la justicia. Los hermanos Ricardo Alberto y Luis Enrique Martinelli Linares lograron suspender investigaciones mientras se tramitaban sus desafueros; y tres fiscalías tuvieron que pedir el levantamiento del fuero de Bernardo Meneses para continuar sus actuaciones. La Asamblea podría reducirlo a lo estrictamente indispensable. Pero quienes deben recortar el privilegio son los mismos que se benefician de él. Y ya sabemos lo difícil que resulta encargarle al ratón el inventario del queso.
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