La repetición de homicidios juveniles en Colón revela cómo la violencia se ha normalizado, mientras la sociedad y las instituciones parecen incapaces de revertir el ciclo.
En Colón, los homicidios de adolescentes como Emir, Jaseph y Cristian ya no sorprenden. Tres de cada diez víctimas de homicidio en Panamá son menores de 25 años, y algunos niños de apenas 12 años registran múltiples crímenes.
Preocupa que la capacidad de asombro se desvanezca frente a hechos que deberían conmocionar a toda la sociedad. Investigadores y autoridades coinciden: el Estado llega tarde, la desigualdad y la falta de oportunidades dejan a los jóvenes invisibles, y el crimen organizado ocupa los vacíos que debería llenar la educación, el empleo y la protección social.
Cuando la violencia se percibe como inevitable, se erosiona la conciencia colectiva. Señalar errores no basta; la sociedad debe actuar para revertir patrones que ya forman parte de la vida diaria. La normalización del crimen juvenil es un riesgo que Panamá no puede permitirse.
