Durante años, los partidos políticos —y en particular el Partido Revolucionario Democrático (PRD)— defendieron y promovieron el voto plancha como una herramienta legítima del sistema electoral. En campañas y estrategias territoriales se recomendó votar en plancha para maximizar curules y asegurar mayorías legislativas. Así, candidatos con bajo respaldo individual lograron escaños arropados por la marca partidaria. No fue una distorsión accidental, sino una práctica deliberada. Ese mismo sistema electoral fue aprovechado en las últimas elecciones por fuerzas independientes que decidieron competir bajo las reglas vigentes, aunque mediante mecanismos distintos al voto plancha tradicional. El resultado fue evidente: una herramienta diseñada para beneficiar a los partidos terminó jugando en su contra. Hoy, el PRD impulsa una propuesta para eliminar las listas de libre postulación en los circuitos plurinominales, lo que impediría que los candidatos independientes puedan ser electos mediante este mecanismo. Sería deshonesto negar que el voto plancha merece revisión. Ese debate es legítimo. Sin embargo, la propuesta del PRD no corrige esa distorsión, sino que incrementa la asimetría ya existente a favor de los partidos políticos frente a los candidatos de libre postulación. Lo cuestionable es confundir el debate sobre el voto plancha con las listas independientes, que no son voto plancha ni producen los mismos efectos sobre la voluntad del elector y la rendición de cuentas. Reformar reglas para mejorar la representación es válido; hacerlo para recuperar ventajas perdidas no lo es. Cambiar el sistema por conveniencia erosiona la equidad y debilita la democracia.
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Hoy por hoy: Cuando las reglas no te convienen
30 ene 2026 - 05:00 AM
