La reciente investigación que revela cómo una abogada vinculada a la Contraloría General de la República ha amasado una fortuna millonaria en un corto lapso deja en evidencia un problema de fondo en la administración de los recursos públicos. La sociedad panameña no puede tolerar que aquellos encargados de vigilar y proteger el erario lo utilicen para beneficio personal, traicionando la confianza depositada en ellos. El patrimonio de la nación es sagrado, y su gestión debe ser transparente y honesta. Este escándalo demanda una reacción inmediata y contundente por parte de las autoridades. No basta con la indignación pública, es necesario que se inicien investigaciones profundas que determinen las responsabilidades y se impongan las sanciones correspondientes. Las superficiales respuestas del contralor y la abogada en cuestión solo sirven para avivar la desconfianza y alimentar la sospecha de que este no es un caso aislado, sino parte de un sistema más amplio de corrupción y enriquecimiento ilícito. Panamá no puede permitirse que sus instituciones caigan en el descrédito. Es hora de que los encargados de velar por la transparencia y el buen uso de los fondos públicos den un paso al frente, respondan a las interrogantes y asuman las consecuencias de sus actos. La impunidad no puede seguir siendo la norma. La justicia debe prevalecer, y es imperativo que los responsables de este bochornoso episodio rindan cuentas ante la ley y la sociedad. Es momento de que se restablezca la confianza en las instituciones, y eso solo se logrará con acciones firmes y claras. Panamá exige respuestas y justicia, y no se conformará con menos.
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Hoy por Hoy: Cuentas claras, arcas oscuras. La trama millonaria que sacude a Panamá
27 sep 2024 - 05:03 AM