Lo han disfrazado de urgencia, vestido de eficiencia y perfumado con promesas de fiscalización. Pero sigue siendo lo mismo: un camarón servido a la vista de todos en el presupuesto del Estado.
La reforma impulsada por esa alianza depredadora entre diputados del PRD, RM y CD abre a más instituciones la posibilidad de contratar hasta por un millón de dólares sin aplicar la Ley de Contrataciones Públicas.
Quitaron “municipios”, pero dejaron expresiones tan amplias que la puerta sigue abierta.
El MEF dice que no lo propuso y que el cambio no altera los números. El problema es qué reglas gobernarán ese dinero. Un presupuesto puede conservar su monto y perder garantías sobre cómo se gasta.
La urgencia exige respuestas rápidas, procedimientos claros y controles efectivos. No puede convertirse en una contraseña para escoger proveedores con menos competencia.
Cuando el camarón aparece en el plato público, no es suficiente prometer vigilancia en la cocina. Lo que toca ahora es retirarlo antes de servir la cuenta final al contribuyente.


