La recuperación gradual del río La Villa es una buena noticia, pero también una advertencia que no podemos ignorar. Casi 15 meses después de iniciada la crisis, el río cumple nuevamente con parámetros que permiten potabilizar sus aguas, aunque el agua que llega a los hogares todavía no es apta para el consumo humano.
Recuperar una cuenca degradada requiere tiempo, recursos, vigilancia y acciones sostenidas. La experiencia de Azuero adquiere mayor relevancia ante otro dato inquietante: Miambiente ha identificado 1,200 plantas de tratamiento de aguas residuales colapsadas en el país, algunas ubicadas aguas arriba de fuentes destinadas al abastecimiento de la población.
El problema exige prioridades, recursos y, sobre todo, responsabilidades claramente definidas. Estas plantas no colapsaron de un día para otro. Durante décadas se construyeron urbanizaciones y sistemas de tratamiento sin garantizar quién tendría los recursos, el personal y la responsabilidad de mantenerlos funcionando.
La Villa ya mostró el costo de reaccionar tarde. ¿Esperaremos otra crisis para corregir un modelo que sabemos que no funciona?

