Las recomendaciones hechas desde la Asamblea Nacional para ajustar el presupuesto de 2026, que incluyen reforzar áreas clave como el Itse y el Hospital Oncológico, son oportunas y han recibido amplio respaldo, incluso de sectores como la Cámara de Comercio. Hay consenso en que ciertas prioridades deben revisarse. Atender la crisis del Oncológico no es un gesto de teletón ni de demagogia: es una obligación del Estado frente a una realidad sanitaria impostergable.
Sin embargo, el debate no puede limitarse a reasignaciones puntuales. El verdadero elefante del presupuesto está en el peso de las leyes especiales, los subsidios automáticos, las asignaciones rígidas y la magnitud creciente de la deuda pública, que amarran buena parte del gasto antes de cualquier discusión. Esta estructura limita la capacidad estatal para responder con agilidad a las necesidades reales del país.
Tanto el Ejecutivo como la Asamblea deben actuar con madurez y sentido de Estado. Si no enfrentan estos problemas estructurales, cualquier ajuste será superficial. Panamá necesita una reforma presupuestaria seria que priorice el interés nacional sobre cálculos políticos.