El Meduca cuenta con menos de cuatro meses para demoler y reconstruir 85 planteles afectados por el terremoto, antes de que inicie el próximo año escolar, el 3 de marzo de 2027. El gobierno nunca se ha distinguido por tener las escuelas listas, y eso pasaba hasta cuando ya estaban construidas. Imaginen cómo será ahora, que tiene que levantarlas partiendo de cero. Y es que cada año vemos cómo impera la improvisación: el 2 de marzo pasado, cuando inició el año académico actualmente en curso —del que todavía no se sabe cómo va a concluir—, 13 escuelas no estaban listas y otras 11 sencillamente empezaron en locales comerciales alquilados. Pero reconstruir los planteles es el primer gran paso. El Meduca enfrenta otro reto igualmente gigantesco: preparar a las nuevas generaciones para competir, innovar y contribuir al desarrollo del país. De nada vale reconstruir planteles si se deja intacto el deteriorado sistema educativo. Así que todos los males convergen: ausencia de estructuras y de una reforma académica que debería ser impostergable. El país no puede permitirse otro año de promesas incumplidas ni otra generación de estudiantes condenada a recibir una educación deficiente.