Panamá está entrando en una profunda transformación demográfica: en 2035 habrá más personas mayores de 60 años que menores de 15. La longevidad aumentará la presión sobre las pensiones, la salud, los cuidados, el mercado laboral y las familias. La reciente reforma al sistema de pensiones añade otra dimensión a un desafío que no termina allí: los problemas estructurales de la CSS siguen pendientes de soluciones de fondo.
Una sociedad cada vez más longeva obliga a replantear cómo funcionamos como país: la sostenibilidad de las jubilaciones, las finanzas y los servicios de la CSS, la preparación para vidas laborales más largas, el aumento de la dependencia y la creciente demanda de cuidados serán asuntos centrales.
Debemos evaluar las mejores experiencias internacionales frente al envejecimiento y qué políticas necesitamos, pero también qué papel deben asumir las empresas, las familias y los ciudadanos para prepararse desde ahora. El envejecimiento no es únicamente un reto para el Gobierno: implica decisiones y responsabilidades compartidas sobre cómo trabajamos, ahorramos, cuidamos y planificamos nuestra vida.
El desafío es lograr que vivir más no signifique únicamente prolongar los años, sino garantizar seguridad económica, salud, autonomía y calidad de vida. Una tarea titánica.

