El dinero de la corrupción no distingue entre partidos, aliados ni adversarios. De vez en cuando, las vueltas del destino nos reiteran esa lección que, aunque es tan evidente, siempre puede resultar un poco más incómoda.
En un mismo juicio coincidirán un expresidente de la República y los dos hijos de su antecesor en el cargo. Las excusas, como de costumbre, resultan baladíes: mientras unos intentaron sustraerse de su cuota de responsabilidad trasladándola a su padre, el otro sostiene que los fondos que le entregó la constructora brasileña no constituían una “coima”, sino una “donación”.
Pero el hecho fundamental permanece: obtuvieron beneficios económicos de una empresa que hizo de la corrupción su modelo de negocio en Panamá y otros países en los que operó. Más grave aún es la demora de las autoridades en agilizar el proceso. Esto ha permitido que el caso se prolongue durante años sin una definición.
El país demanda que se haga justicia, sin más postergaciones, sobre todo si, en ambos casos, los hijos del expresidente y su adversario han aceptado haber recibido el dinero.
