El conflicto en Medio Oriente ha vuelto a demostrar que, en un mundo interconectado, ninguna crisis es distante. El impacto sobre el estrecho de Ormuz golpea directamente uno de los pilares de la economía global: el petróleo. El alza en los precios del crudo no solo encarece el transporte marítimo, sino que presiona las cadenas de suministro y anticipa un efecto inflacionario que terminará sintiéndose en los bolsillos de los consumidores. En este escenario, Panamá debe actuar con prudencia. Su posición geográfica y el rol estratégico del Canal imponen una obligación jurídica de neutralidad, pero también una responsabilidad política coherente con su vocación histórica de país de paz. Cualquier desliz en ese equilibrio puede tener costos diplomáticos y económicos. Al mismo tiempo, el Gobierno no puede ignorar el impacto interno. Ante un previsible aumento general de precios, se impone una política de austeridad y disciplina fiscal. No es momento de expandir el gasto, sino de proteger la estabilidad económica.
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Hoy por hoy: El precio de un conflicto que no es lejano
18 mar 2026 - 05:00 AM